lunes, 18 de agosto de 2014

María Gabriela Chávez: ¿Sucesora de Maduro?



Se abren las apuestas

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[INTRIGA]
El nombramiento de María Gabriela Chávez como representante alterna de Venezuela ante la ONU nos tomó a todos por sorpresa. Y aunque varias han sido las especulaciones respecto a las razones que motivaron este nombramiento, el objetivo parece ser claro: la preparan para que tome las riendas de la revolución bolivariana.

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El pasado jueves 14 de agosto los venezolanos fuimos sorprendidos con una noticia inesperada. Ese día el canciller Elías Jaua le anunció al país la designación de María Gabriela Chávez, hija del fallecido ex Presidente Hugo Chávez, como representante alterna de nuestro país ante la Organización de Naciones Unidas. Esta designación generó las más diversas reacciones, siendo la más común de ellas la del rechazo a su nombramiento por la falta de preparación académica y experiencia profesional para asumir un cargo de tanta relevancia (es TSU en Comunicación Social, y excepto su desempeño como Primera Dama, no se le conoce otra experiencia laboral), y que simplemente revela como tras 15 años del chavismo en el poder, la carrera diplomática en Venezuela ha sido destruida por completo, convirtiendo a las representaciones diplomáticas y consulares en oficinas de propaganda del PSUV, y en destinos para premiar lealtades políticas y otorgar exilios dorados a ex ministros y militares en situación de retiro. 

Al día siguiente de su nombramiento, algunos analistas y dirigentes políticos indicaron que dicho nombramiento era para brindarle protección a María Gabriela Chávez a través de la figura de la inmunidad diplomática, debido a que ella se encuentra vinculada a un escándalo de corrupción en la compra-venta de arroz con sobreprecio en Argentina. Sin embargo esta hipótesis puede desecharse rápidamente por dos razones: primero en Venezuela no existe separación de poderes, por lo que es sumamente improbable (por no decir imposible), que la Fiscalía y algún tribunal venezolano se aventuren a abrir una investigación que termine en una acusación que la lleve a la cárcel; y segundo porque los gobiernos de Venezuela y Argentina son aliados, no sólo ideológicos, sino de negocios, y la nación austral, al menos mientras el kirchnerismo esté en el poder, hará todo lo posible para evitar un escándalo que dañe las estrechas relaciones políticas y comerciales entre ambos países.  

Luego del divorcio de Hugo Chávez de María Isabel Rodríguez, fue María Gabriela Chávez quien ejerció, desde 2004 y hasta que su padre partió para La Habana en diciembre de 2012, el rol de Primera Dama, acompañándolo y estando a su lado en innumerables eventos nacionales y siendo siempre, junto con Nicolás Maduro, su acompañante fija a todas las giras internacionales que emprendió durante esos ocho años, siendo obvio que se trataba de un proceso de preparación para que ella asumiera la responsabilidad de continuar el legado político de su padre en algún momento, tal como hizo Alberto Fujimori con su hija Keiko en el Perú. Del mismo modo, después de acompañar a su padre durante toda su convalecencia en La Habana, donde seguramente mantuvo estrechísimo contacto con el alto mando del gobierno cubano, hay que recordar el papel protagónico que ejerció el último día de los funerales de su difunto padre, marcando la diferencia con lo ocurrido en días anteriores, tanto en la sobriedad del acto protocolar, como en la del discurso que ofreció en nombre de toda la familia.


Tras finalizar los funerales de Estado y celebrarse las nuevas elecciones presidenciales, ocurrió un hecho, que podría parecer pequeño, pero cargado de simbolismo: al asumir Nicolás Maduro la Presidencia de la República, fue María Gabriela Chávez quien, junto con Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, le impone la banda presidencial. A partir de ese momento mantendría un muy bajo perfil en la arena política, el cual sería roto con una sorpresiva aparición suya junto a Fidel Castro en La Habana, con quien se habría reunido aproximadamente 3 horas. Es mucho lo que pudo hablar con una figura como Fidel durante tanto tiempo, quien además consideraba a su difunto papá, no sólo como un discípulo aventajado, sino que además Hugo Chávez lo trataba como a un padre. 

Por otra parte, para nadie es un secreto que la actuación de Venezuela dentro del sistema de Naciones Unidas, al igual que en otras áreas del quehacer nacional, se desarrolla al ritmo que toca y marca Cuba, por lo que si María Gabriela Chávez fue designada como representante alterna allí, es por orden directa de La Habana, y tiene como propósito continuar con el entrenamiento que viene recibiendo para asumir la vanguardia de la revolución bolivariana y conquistar el poder político de Venezuela cuando sea necesario. Su nombramiento en la ONU, en primer lugar, es el primer cargo verdaderamente relevante en el que es designada, y puede asumirse como una especie de pasantía o de práctica profesional antes de asumir roles políticos más destacados. Al principio, trabajaría a la sombra del representante principal ante el organismo, Samuel Moncada, aprendiendo las maneras de desenvolverse en el mundo diplomático, para posteriormente, en vista de los múltiples comités de la ONU donde participa Venezuela, Chávez pudiese sustituir a Moncada y así, siempre bajo el tutelaje de los cubanos pulir sus habilidades en oratoria, negociación y diplomacia. Esto serviría adicionalmente como preparación para lo que podría ser su rol más destacado: representar a Venezuela en el Consejo de Seguridad, ya que es muy probable que resulte electa como representante del Grupo de América Latina y el Caribe (GRULAC) el próximo mes de octubre para el período 2015-2016. ¿Qué mejor estrategia de marketing para María Gabriela Chávez hacia lo interno del chavismo que estar sentada en la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU oponiéndose, de la mano de Rusia y China, estrechos aliados del régimen a alguna propuesta impulsada por los Estados Unidos, el archienemigo del régimen?

 
Aunque el chavismo es un proyecto político hegemónico con aspiraciones totalitarias, que se vale de los mecanismos e instituciones de la democracia para destruirla y cuenta con amplios mecanismos de control y coerción social sobre la población, también tiene, como todo movimiento totalitario toda una característica carga de simbología que raya en lo religioso. Es por ello que a la hija consentida del denominado “comandante supremo y eterno”, la destinada a continuar el legado político de su padre, no podía ser designada en un cargo de menor importancia que ese. Se trata de abultarle el currículo político para que después pueda dar el salto a un cargo de mucha mayor relevancia como podría ser la Cancillería, antes de asumir la vanguardia política del régimen, ante el cada vez mayor descalabro de Nicolás Maduro, quien parece no poder llenar el vacío político dejado por Chávez y evitar el ascenso de figuras alternas como Diosdado Cabello, Elías Jaua o Jorge Arreaza, odiados o con poca simpatía y carisma entre las bases del chavismo, o generan desconfianza para La Habana según sea el caso. Y aunque muchos no vean ahorita con claridad que el objetivo es el relevo en el mando de la revolución, en 2018, o quizás antes, tengan más claro el panorama.  

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